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Liberación somatoemocional

Quizás en algún momento durante la sesión de un tratamiento de fisioterapia / osteopatía habéis podido comprobar cómo el terapeuta utiliza sus manos muy suavemente y sostiene vuestra cabeza, o coloca sus manos en vuestro tórax, vuestros tobillos, y permanece un tiempo en silencio, como ausente…

Muchos de los pacientes reaccionan en este momento con incredulidad ante este tipo de técnicas, y lo ven como una enorme pérdida de tiempo en el tratamiento de su dolencia pudiendo llegar a generar al paciente una sensación de engaño por parte del terapeuta.

Pues calma, estamos ante una gran herramienta diagnóstica y de tratamiento, solo que no suele ser muy utilizada por muchos terapeutas.

 

Historia del método

Fue W. Sutherland (alumno de Taylor Still , fundador de la osteopatía) el que  en su estudio de la osteopatía craneal se dio cuenta de que los huesos del cráneo podían moverse entre si. Lo llegó a llamar “movimiento respiratorio primario“(MRP).  Como buen experimentador, diseñó un casco con correas que al ser apretadas podían restringir el movimiento de los huesos del cráneo.

No tardó en darse cuenta que realizando aquello, empezaron a aparecer síntomas como mareos, aumento tensión, desorientación, molestias digestivas…

A modo de ejemplo, y valiéndome de las mediciones aportadas por los investigadores en la materia los movimientos medidos del cráneo equivalen a 40 micras (una micra es una millonésima de un metro, aproximadamente la mitad del grosor de un folio) siendo la mano humana capaz de percibir este movimiento.

Pero el pionero en el tratamiento craneal que durante su formación e investigación de osteopatía craneal desarrolló su trabajo en la influencia de los traumas (emocionales o físicos) en el MRP, fue Jhon Updleger. Apareció entonces la liberación somatoemocional.

 

Hoy en día, no se conoce exactamente el por qué del MRP, ya que es un movimiento independiente al pulso cardíaco y respiratorio existiendo multitud de hipótesis al respecto. El nombre más místico que le dan los terapeutas es “aliento de vida”.

 

Escuchar lo que cuenta el cuerpo.

Desde fuera parece que no ocurre gran cosa durante un tratamiento craneosacro, pero realmente se están produciendo cambios en la fisiología del paciente a un nivel profundo.

El terapeuta permanece en contacto con el paciente a través de sus manos y esta realizando una escucha de los ritmos del MRP del paciente en diferentes zonas, y evalúa la potencia, su amplitud, frecuencia, simetría, inercia, resistencia, colapsos. Esto le da una gran información sobre posibles problemas que tiene el paciente tanto a nivel articular como visceral e incluso emocional.

 

La procesión va por dentro.

Seguro que a mas de uno le suena muchísimo esa expresión.

Cuando hemos sufrido un trauma, o vivido una experiencia emocional muy intensa, deja una huella en nosotros. Esa huella puede ser más o menos intensa en función de cómo es la persona que lo sufre.

Considerad que el cuerpo humano está formado por miles de millones de células. Cada una de ellas es un organismo vivo, con una capacidad energética y funciones propias.

Al tener una experiencia emocional traumática negativa (abusos, muerte, miedo intenso, rencor, odio) se desencadenan una serie de acontecimientos en el cuerpo que afectan a cada una del conjunto de células del organismo, como si tratasen de amortiguar el influjo negativo sobrevenido.

Es una energía que queda atrapada en las células que nos forman, y que condicionará el funcionamiento de nuestro sistema nervioso, musculo esquelético, y órganos.

Trabajando a través de la terapia craneosacra, logramos localizar zonas en el cuerpo donde se encuentran guardados esos sentimientos y traumas que hacen que el conjunto de cuerpo y mente no logren expresarse con la fluidez que sería natural en él.

Se pretende liberar al cuerpo de esa energía encarcelada que a su vez tiene sometida a una parte o varias del mismo (músculos, articulaciones, órganos).

 

¿Cómo se logra esa liberación?

Lograr una liberación somatoemocional no es algo sencillo.

Considero muy importante la existencia de un vínculo “terapeuta-paciente”. La confianza es esencial para poder trabajar aspectos emocionales de una persona.

Otro aspecto a tener en cuenta es si el paciente viene a consulta condicionado por cosas que le hayan contado o que ha leído. Cada paciente es único y por lo tanto sus reacciones también lo son.

Hasta cierto punto el trabajo somatoemocional siempre es subjetivo y se basa en lo que surge dentro de la relación terapeuta y paciente.

En toda relación humana podemos observar que distintas personas nos hacen manifestar cualidades diferentes.

 

¿Qué se siente en una liberación somatoemocional?

Una liberación somatoemocional puede llevar aparejada la aparición de diversas “sensaciones” y “emociones” por parte del paciente.

Podría experimentar la disminución o el aumento de tono muscular en según qué lugar del cuerpo.

La sensación de un flujo energético que recorre su cuerpo, como si de una corriente magnética se tratase.

La aparición de calor que puede irradiarse a algunas partes significativas del cuerpo, lejos de donde están las manos del terapeuta.

Pueden aparecer movimientos corporales (brazos, piernas, pelvis, cabeza) espasmódicos del paciente.

Aumento de la frecuencia respiratoria y cardiaca con posterior enlentecimiento.

Sensación de flotación corpórea.

En cuanto a las emociones que pueden despertarse pueden variar mucho en función de los traumas o vivencias del paciente.

Pueden aparecer ganas de reír o de llorar y verse abrumado por la situación al no saber cómo controlar esas ganas ante el terapeuta.

El paciente puede tener acceso a sentimientos o a recuerdos de situaciones pasadas (vivencias positivas o negativas).

Cuando son negativas, muchas de estas vivencias (en forma de energía) se han quedado almacenadas en nuestro cuerpo como si estuvieran aletargadas.

Estas vivencias pueden haber ocurrido hace muchísimo tiempo pero la huella que ha dejado en el sistema sigue ahí como si de una cicatriz se tratase.

Es más, muchas veces el paciente no recuerda esos traumas o piensa que las repercusiones no fueron tan importantes.

Podríamos decir que la terapia somatoemocional trata de  poder acceder a un estado de la “inconsciencia” del cuerpo donde él nos cuenta qué le pasa y porqué responde así.

 

Tras acabar una sesión de trabajo somatoemocional, no hay un patrón que se repita en los pacientes ya que cada uno tiene una reacción diferente, pero sí que existen muchas reacciones.

Podríamos decir que hay pacientes que no han sentido nada, otros que se sienten muy relajados e incluso se duermen.

Suele ser común ver a pacientes que sí han sentido “cosas” pero no saben explicar muy bien su estado, siendo lo más normal oír eso de: raro…

Hay pacientes que sí han podido notar aún más cosas y conectar con los sentimientos olvidados de su interior, y eso les lleva a estar confusos o reflexivos sobre lo que han experimentado.

La sensación de paz también es descrita por algunos pacientes, como si hubiesen logrado soltar algo que les resultaba una carga en sus vidas.

 

 

Finalizo aquí esta interesante entrada en nuestro blog esperando que haya podido dar un poco de luz a las dudas que muchos pacientes llegan a expresarme por este tipo de terapias.

En una próxima entrada os contaré qué relación somatoemocional guardan diferentes partes del cuerpo.

¡Gracias por leernos!

 

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