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¡Ponte las alcalinas!

Seguramente muchos de vosotros ha oído eso de ‘somos lo que comemos’, pues bien, hay mucho de cierto en eso, al igual que los alimentos que ingerimos, pueden influenciarnos en nuestro estado de salud, e incluso favorecer el desarrollo de enfermedades tanto a corto como a largo plazo.

En consulta, muchos pacientes acuden con patologías de sistema digestivo, y hemos observado que desconocen la influencia de una correcta nutrición en este tipo de problemas, siendo a su vez pacientes que suelen tomar mucha medicación para intentar controlar o corregir los síntomas que tienen (aerofagia, ardor, estreñimiento, diarrea…).

 En muchas ocasiones con pequeños cambios a nivel de alimentación, se llega a conseguir una disminución considerable de dichos síntomas, que sumado a los tratamientos de terapia manual como la osteopatía, integra la fórmula idónea para que el paciente logre una mejoría en su conjunto digestivo.

Acidosis.

Muchos de nosotros presentamos un estado de ‘acidosis ‘en nuestros órganos, tejidos, sangre…

Esto se debe por ejemplo a una ingesta superior a lo recomendado en proteínas.

El hecho de tener una ingesta elevada de proteínas, nos va a llevar a que nuestros riñones no den abasto para eliminar ciertas sustancias como el ácido pirúvico, fosfórico,  oxálico, sulfúrico y úrico entre otros, provocando un mayor esfuerzo del riñón en su filtrado de sangre, y estos desechos que no son eliminados, vuelven al torrente sanguíneo para seguir ‘ regando’ a nuestros tejidos.  En la mayor parte de las ocasiones esta acidosis tisular va a ser la responsable de provocarnos las tendinitis que constantemente nos hacen dejar de practicar deporte de impacto.

Este estado de acidosis va a ocasionar que diferentes tipos de colágeno que son necesarios para regenerar nuestras fibras musculares, no lleguen a producirse como tal, constituyéndose otro tipo de colágeno más rígido y menos resistente, lo cual nos lleva a sufrir recaídas de nuestra lesión de tendones.

Síndrome metabólico.

Debemos de optimizar el consumo de azucares (hidratos de carbono) en nuestra dieta, con el objetivo de equilibrar sus valores en sangre.

Según sean los alimentos a ingerir, podremos clasificarlos según su valor glucémico en alto (a evitar), medio y bajo.

Un abuso de hidratos, nos va a llevar a sobrecargar a nuestro páncreas dando lugar a hipoglucemias, creando hipersensibilidad en las glándulas suprarrenales ocasionando dolores de cabeza, mareos o nauseas en ocasiones.

También aumentará niveles de acidez sanguínea, lo que nos llevará a sufrir inflamaciones en el tejido conjuntivo = tendinitis.

No podemos olvidar que los hidratos que no se ‘gastan ‘se acumulan en forma de grasa, lo cual nos lleva a poder tener trastornos cardiovasculares por el aumento de los triglicéridos en sangre.

Disbiosis intestinal.

Podríamos decir que se trata de una alteración en la flora bacteriana del intestino, que nos provoca un déficit de absorción de nutrientes por el deterioro que provocan algunos alimentos que ingerimos en nuestra dieta (dietas ricas en proteínas o en azúcares) aunque otros factores como algunos medicamentos o el estrés también resultan dañinos para nuestro órgano.

El daño que se va provocando paulatinamente en nuestro intestino a través de dietas ricas en proteínas y azúcares, hace que su mucosa ( rica en vellosidades capaces de absorber y hacer un proceso de filtración de los nutrientes aportados por la dieta ) se vaya deteriorando hasta tal punto que esas vellosidades van disminuyendo, y con ello la capacidad de filtración y absorción.

Ante la incapacidad de realizar correctamente su función, el intestino acaba por volverse permeable, dejando pasar sustancias nocivas (toxinas) al torrente sanguíneo y su posterior acúmulo en el organismo.

Disfunciones en la mucosa del intestino, afectarán a largo plazo mucosas de todo el tubo digestivo, e indirectamente a hígado y riñones (por la función que tienen estos en filtración de la sangre y a páncreas y vesícula biliar por su actividad exocrina ( mantener niveles de azúcar y triglicéridos en sangre ).

Elementos dietéticos a evitar.

Después de haber explicado muy resumidamente las alteraciones de salud prevalentes en los puntos anteriores, vamos también a contaros cuales son los elementos considerados como ‘nocivos’ para nuestro organismo.

  • Azúcares; aumentan inflamación en el tejido y provocan acidez sanguínea. Estimularán al páncreas que tendrá que desarrollar más trabajo para mantener niveles de glúcidos en valores adecuados.

Aumentará también niveles de triglicéridos (grasa) en sangre.

Deprime al sistema inmune.

Al provocar acidificación, el magnesio, calcio y vitaminas del grupo B (sustancias alcalinas) se perderán para poder compensar el desequilibrio, lo que nos llevará a tener un déficit de estas sustancias tan beneficiosas para nuestro organismo.

  • Grasas Trans; grasas que principalmente encontramos en muchos alimentos industrializados / procesados como bollería, galletas, patatas fritas, snacks, margarina, aceite vegetal, frutos secos o semillas tostados.

Elevan el LDL (colesterol malo) y bajan el HDL (colesterol bueno), con el consecuente problema para la tensión arterial.

Provocan multitud de procesos inflamatorios y alérgicos en piel y pulmones.

  • Lácteos; no vamos a descubrir nada nuevo sobre la leche y todos sus derivados. El consumo de este producto está muy investigado desde hace muchos años por diversas universidades y equipos de investigación a través de estudios sobre sesgos de población.

Comenzamos describiendo algunas de las consecuencias de su consumo.

La intolerancia a la lactosa, debido a que el ser humano no tiene ‘enZimas’ para asimilar este compuesto.

Gran cantidad de hormonas de vaca presentes en la leche, aún siendo tratada para su comercialización.

Acidosis tisular.

También están relacionados casos de anemia ferropénica, artritis reumatoide-osteoartritis, diferentes tipos de cánceres, asimilación de metales pesados,  diabetes, estreñimiento, fatiga crónica, migrañas, reacciones alérgicas, trastornos del sueño…

  • Trigo; producto que afecta a nuestro sistema digestivo provocando una irritación e inflamación , erosionando nuestra flora intestinal y permeabilizando los intestinos que dejarán de funcionar correctamente dejando pasar toxinas al torrente sanguíneo.

Cuadros de diarrea y estreñimiento, hinchazón abdominal, gases, fatiga crónica, son algunos de los síntomas asociados.

  • Alcohol y café; ambos actúan como deshidratadores y roban energía a nuestro organismo. Además también acidifican nuestro sistema.

Alcalinizar el cuerpo.

El cuerpo va a tratar de compensar el pH ácido usando minerales alcalinos. Si la dieta no es una dieta que tienda a ser alcalina (que contenga suficientes minerales para compensar una acumulación de ácidos en las células, se producirá un desequilibrio en su pH.

La deficiencia de alimentos alcalinos en la dieta, provocará que seamos ácidos, y esto significa que:

  • Disminuirá la capacidad del cuerpo para absorber minerales y nutrientes importantes.
  • Disminuirá la producción de energía en nuestras células (los ribosomas son nuestras centrales nucleares).
  • Disminución para reparar células dañadas.
  • Disminución de desintoxicación.
  • Disminución de la capacidad del sistema inmune para combatir y eliminar las células tumorales.

Debemos de tener una dieta donde el % alcalino ingerido debe estar entre el 80-60%.

Para ello deberemos eliminar los ‘venenos ‘de la dieta (arriba descritos), e incorporar a nuestra alimentación:

verduras; brócoli, col, judías verdes, apio, pepino, hongos, cebollas, calabaza,      brotes vegetales, algas, aguacates, apio, pimiento…

–  frutas; manzanas, limón, pomelo, frambuesas, piña, melón…

proteínas alcalinas; almendras crudas, castañas, mijo, quínoa, semillas de chía, legumbres…

especias; cúrcuma, sésamo, curry, canela, jengibre…

En definitiva hay muchos productos que resultan beneficiosos por su alcalinidad, y son muy asequibles de conseguir y combinar con platos deliciosos, sólo es cuestión de dedicar un poco de tiempo para comenzar a introducir cambios saludables que sin duda nuestro organismo agradecerá.

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